Hay una forma bastante eficaz de conseguir que nadie vaya al gimnasio.

Abrirlo los viernes de diez de la mañana a dos de la tarde.

Puedes comprar las mejores máquinas, contratar a un entrenador estupendo, mandar un correo precioso anunciando el programa y poner en recepción un cartel que diga:

“Tu bienestar es nuestra prioridad”.

Luego pasan seis meses, miras los números y concluyes que a la gente no le interesa hacer ejercicio.

El gimnasio estaba.

La posibilidad real de ir, no.

Algo parecido puede estar ocurriendo con el voluntariado corporativo en México.

Durante años una de las preguntas fue cómo conseguir que más empresas tuvieran un programa.

Ahora empieza a aparecer otra bastante más incómoda:

qué hacer cuando el programa ya existe y aun así participa muy poca gente.

Estamos empezando a verlo en el estudio Estado del Voluntariado Corporativo en México 2026.

Entre las primeras 15 empresas participantes con más de 1,000 colaboradores, 8 reportan que menos del 10% de su plantilla participa en acciones de voluntariado.

Ocho de quince.

Es un dato preliminar y todavía necesitamos incorporar muchas más empresas antes de afirmar que representa lo que ocurre en México.

Pero es suficientemente llamativo como para hacerse una pregunta:

Si el programa existe, ¿dónde está todo el mundo?

El voluntario que no puede ser voluntario

Imaginemos una actividad.

Viernes.

Cuatro horas.

Hay que desplazarse.

La convocatoria llegó hace una semana.

Para alguien que trabaja en una oficina y controla razonablemente su agenda puede ser posible.

Ahora pongamos la misma actividad delante de alguien que trabaja en una planta.

O en un centro de distribución.

O en una tienda.

O en un hospital.

O de visita con clientes.

Los dos trabajan en la misma compañía.

Los dos recibieron el mismo correo.

Los dos aparecen dentro de ese bonito 100% de colaboradores a los que “se ofreció la oportunidad”.

Solo uno podía ir.

Y cuando contamos participación, los dos terminan convertidos en una interpretación bastante peligrosa:

uno quiso participar y el otro no.

Puede que no sea verdad.

Las primeras respuestas de nuestro estudio están señalando barreras mucho menos filosóficas.

Tiempo.

Presupuesto.

Horarios.

Apoyo de los líderes.

Prioridad de la alta dirección.

Dificultad para demostrar el impacto.

Cosas bastante menos emocionantes que “falta de compromiso”, pero bastante más útiles si queremos arreglar el problema.

Porque entonces la pregunta cambia.

Ya no es:

“¿Por qué la gente no quiere participar?”

Es:

“¿Qué tiene que superar una persona para conseguir participar?”

Y ahí aparece un problema de diseño.

Hemos diseñado actividades. Quizá faltaba diseñar participación.

Una empresa puede tener una jornada de reforestación magnífica.

Otra puede trabajar con una organización social durante todo el año.

Otra puede tener diez actividades.

Las tres pueden acabar viendo las mismas caras.

El grupo que siempre se apunta.

El que ya está convencido.

El que conoce a quien organiza.

El que tiene un jefe que le deja ir.

El que descubrió la convocatoria a tiempo.

Y entonces hacemos algo muy humano: organizar más actividades.

Es la respuesta corporativa universal. Si algo no funciona, hacemos más.

Más fechas.

Más correos.

Más campañas.

Más fotos.

Pero quizá el problema no estaba en la cantidad.

Quizá estaba en todo lo que ocurre entre recibir una invitación y aparecer el día de la actividad.

Conocerla.

Entenderla.

Tener tiempo.

Poder pedir permiso.

Conseguir autorización.

Desplazarse.

Sentir que cuatro horas de tu viernes van a servir para algo.

Y después querer volver.

Eso también es voluntariado.

Solo que normalmente no aparece en la foto.

Contar voluntarios es fácil

Pongamos dos empresas de 5,000 personas.

La primera moviliza a 250 colaboradores durante el año.

La segunda, a 1,500.

Las dos pueden escribir exactamente la misma frase en su presentación:

“Contamos con un programa de voluntariado corporativo”.

Y las dos estar diciendo la verdad.

El problema es que una está movilizando al 5% de su organización y la otra al 30%.

La frase es la misma.

La realidad no se parece en nada.

Por eso quizá contar voluntarios ya no sea suficiente.

También habría que preguntar:

¿Qué porcentaje de la organización participa?

¿Quién vuelve?

¿Qué áreas nunca aparecen?

¿Quién quiere participar pero no puede?

¿Dónde se cae la gente por el camino?

¿Qué experiencia hace que alguien invite a otro la próxima vez?

Contar actividades nos dice cuánto hicimos.

Entender participación nos dice por qué funcionó.

O por qué no.

La participación también se diseña

Aquí puede estar una de las oportunidades más interesantes para quienes gestionan voluntariado corporativo.

Dejar de pensar solamente en un calendario de actividades y empezar a pensar en una experiencia de participación.

El journey empieza mucho antes de ponerse la playera del voluntariado.

Empieza cuando una persona descubre que existe una oportunidad.

Luego decide si le interesa.

Comprueba si puede.

Pregunta a su líder.

Se inscribe.

Participa.

Entiende —o no— qué consiguió con su tiempo.

Y decide si vuelve.

En cada uno de esos pasos podemos perderla.

También podemos facilitarle el siguiente.

Quizá los programas que consigan crecer no sean los que tengan más actividades.

Serán los que entiendan mejor tres verbos bastante sencillos:

querer, poder y volver.

Querer participar.

Poder hacerlo.

Y tener una experiencia suficientemente buena como para querer repetir.

Todavía estamos aprendiendo

Ésta es la primera entrega de una serie construida a partir de las señales que estamos encontrando en el Estado del Voluntariado Corporativo en México 2026.

Señales.

No conclusiones.

El estudio continúa abierto y necesitamos sumar más organizaciones, especialmente empresas grandes con operación en México, para comprobar si estos primeros patrones se mantienen.

Nos interesan las empresas que llevan años trabajando en voluntariado.

Las que hacen actividades pero todavía no tienen un programa formal.

Las que están rediseñándolo.

Y también las que apenas están intentando averiguar por dónde empezar.

Porque quizá la pregunta que nos toca responder ya no sea cuántas empresas tienen voluntariado.

Quizá sea otra:

¿Cuántas personas pueden participar realmente en él?

Si gestionas voluntariado, sustentabilidad, ESG, responsabilidad social, Recursos Humanos, cultura o impacto social en una empresa con operación en México, queremos conocer tu experiencia.

Participa en el Estado del Voluntariado Corporativo en México 2026:

https://rebrand.ly/Encuesta-voluntariado-2026

El gimnasio ya está abierto.

Ahora falta averiguar si lo abrimos a una hora en la que alguien pueda ir.