Todo empieza con algo muy pequeño

Aguacate. Jitomate. Café. Manzana. Almendra.

Buena parte de los alimentos que consumimos todos los días están relacionados, directa o indirectamente, con el trabajo de los polinizadores.

De hecho, cerca del 75% de los principales cultivos alimentarios del mundo dependen, al menos en cierta medida, de la polinización animal.

Las abejas llevan millones de años haciendo este trabajo silencioso.

El problema es que hoy enfrentan cada vez más presión por factores como la pérdida de hábitat, el uso de ciertos pesticidas, los cambios en los ecosistemas y el cambio climático.

La buena noticia es que también existen muchas maneras de ayudar.

Y las empresas pueden convertirse en parte de esa solución.

De una actividad de voluntariado a una conversación sobre biodiversidad

En Huella Sustentable nos gusta pensar el voluntariado corporativo más allá de “hacer una actividad”.

La pregunta que hacemos es:

¿qué queremos que las personas entiendan, sientan y hagan diferente después de participar?

Alrededor de las abejas existen muchísimas posibilidades.

Visitas a apiarios. Talleres de sensibilización. Creación de jardines para polinizadores. Plantaciones de especies nativas. Catas de miel. Construcción de espacios para biodiversidad. Elaboración de productos derivados de la miel y la cera.

Cada experiencia puede diseñarse de acuerdo con el contexto de la empresa, su ubicación, sus colaboradores y sus objetivos de sostenibilidad.

No se trata solamente de hablar de las abejas.

Se trata de utilizarlas como una puerta de entrada para entender algo mucho más grande:

cómo nuestras decisiones están conectadas con los ecosistemas de los que dependemos.

¿Y qué tiene que ver esto con una empresa del sector energético?

Mucho.

Una empresa no necesita dedicarse a la agricultura o trabajar directamente con ecosistemas naturales para involucrarse en la protección de la biodiversidad.

Puede tener oficinas en una ciudad.

Un corporativo.

Una planta industrial.

Un centro de distribución.

O colaboradores distribuidos en distintos estados del país.

Siempre hay maneras de generar acciones relevantes desde el territorio donde opera.

Precisamente ahí está una de las oportunidades más interesantes del voluntariado corporativo: traducir grandes compromisos ambientales en experiencias concretas que las personas puedan comprender y hacer propias.

Porque “proteger la biodiversidad” puede sentirse enorme.

Cuidar un espacio para polinizadores, conocer a un apicultor, sembrar especies que generan alimento para las abejas o entender qué ocurre dentro de una colmena es mucho más cercano.

Y lo cercano se recuerda.

Lo que una presentación difícilmente puede lograr

Hay algo que sucede cuando un colaborador sale de su espacio habitual de trabajo y participa directamente en una experiencia ambiental.

Aparecen preguntas.

Curiosidad.

Conversaciones que probablemente no habrían sucedido frente a una pantalla.

De pronto, conceptos como biodiversidad, servicios ecosistémicos o regeneración dejan de sentirse lejanos.

Tienen forma.

Tienen olor.

Tienen territorio.

Y, en este caso, también tienen miel.

Eso es parte de lo que buscamos cuando diseñamos experiencias de voluntariado en Huella Sustentable: crear momentos capaces de conectar a las personas con los problemas que queremos ayudar a resolver.

No solamente informar.

Hacer.

El voluntariado también puede construir cultura ambiental

Una jornada no va a resolver por sí sola la pérdida global de biodiversidad.

Pero puede hacer algo importante.

Puede cambiar la forma en que una persona entiende su relación con el entorno.

Puede despertar conversaciones dentro de una empresa.

Puede acercar a los colaboradores a organizaciones, comunidades y especialistas que llevan años trabajando en estos temas.

Y puede convertirse en el inicio de programas de mayor alcance.

Cuando el voluntariado está bien diseñado, deja de ser una actividad aislada para convertirse en una herramienta de sensibilización, cultura y acción colectiva.

Ahí es donde empieza a volverse realmente poderoso.

Las abejas llevan millones de años haciendo su parte

Ahora nos toca hacer la nuestra.

No importa si una empresa está en Querétaro, Ciudad de México, Monterrey o cualquier otro lugar.

No importa si tiene una oficina, una planta o miles de colaboradores.

Siempre existe una manera de conectar a las personas con la biodiversidad que las rodea y transformar esa conexión en acción.

En Huella Sustentable diseñamos experiencias de voluntariado corporativo que buscan justamente eso: pasar de hablar del impacto a hacerlo posible.

Porque cuidar la vida no debería quedarse en una diapositiva.

Hay que salir a hacer algo por ella.